CASCADA DE CALOR por Maya Caravella Castillo

Aun son las dos de la mañana. Las 2:00 am. Llevan siendo las 2:00 am desde hace mínimo cuatro horas. Es la décimo quinta vez que enciendo el móvil para ver el reloj y sigue marcando las dos-cero-cero-a- eme.

La ventana está abierta de par en par y se cuela el griterío de las chicharras y del botellón del parque de enfrente. A mi habitación entran los mosquitos, las moscas, las luces del vecino de enfrente y la alarma de que al crío de los del cuarto le toca teta. A mi habitación entra todo quisqui menos quien tiene que entrar que es el aire, y yo, ya no puedo más. Una brizna, un soplido, un estornudo contenido de brisa fresca que me mueva los pelillos del dedo gordo del pie. Lo siento abotargado. Esta tarde parecía un chorizo parrillero y los dedillos salchichas de coctel clavadas en una berenjena. De estas que ganan premios porque son del tamaño de un buldog. Hace semanas que no me veo los huesos del tobillo porque está amoratado, inflado y gordo. Y pesa. Pesa una barbaridad y moverme es un tormento.

Estoy adosada al colchón, boca abajo y desnuda. Mantengo los ojos cerrados porque sé que en cuanto parpadee voy a volver a ponerme a sudar. Estoy zen. Estoy durmiéndome. Estoy a punto de soñar con una excursión al Himalaya en bragas y sujetador, con una hipotermia que me tenga temblando hasta el final de mis días. Eso es. Qué bien estoy. Estoy fenomenal. Estoy… estoy sudando como una cerda.

La cabeza me chorrea a borbotones. He acabado por mandar la almohada a la otra punta de la habitación. Al caer al suelo ha hecho “plaf”. Yo creo que ha ido chupando las gotas de sudor de mi cabeza porque juro que me han salpicado gotas. Qué asco. Yo doy asco. Parece que he metido la cabeza debajo del grifo y cuando me aparto el pelo de la cara, tengo la mano mojada. La sacudo sobre la nuca para darme algo de aire, la limpio en mi espalda y la dejo colgando. Qué calor. Joder. Mierda. Esto no está bien.

La sábana bajera está empapada y se me pega al cuerpo. Justo lo que necesitaba para sentirme aún más una longaniza envuelta en papel film. Voy a criar hasta moho. Yo no sabía que podían sudar las rodillas. Tengo los muslos recocidos. Al menos me va a salir gratis el lifting. Con todo lo que está soltando mi tripa se me va a quedar el vientre tan plano que hasta se va a meter para dentro, me voy a quedar hecha una sílfide, una modelo de Victoria Secret. He debido perder hasta dos tallas de sujetador. Antes sentía las tetas aplastadas contra el colchón, pero ahora solo noto dos masas de agua que se escurren por los bordes de la cama junto al resto de mi cuerpo.

Me derrito. Estoy pasando del sólido al líquido y mi fin último será ser gas. Voy a evaporarme y luego a convertirme en nube. Y luego lloveré por ahí después de hacer el ciclo del agua. Caeré en las montañas y estaré fresquita. Siento el cerebro líquido. Ya no sudo sudor sino sesos y neuronas. Estoy perdiendo la corporeidad, ya no soy un ser humano. Todo mi cuerpo se está deshaciendo gota a gota empezando por los dedos de la mano. Soy un río, un torrente, una cascada que escurre por la desembocadura del somier.

Se ha formado un charco sobre el parqué, y ese charco soy yo.

Me despierto con la nariz chafada contra el suelo. Tengo la frente sudada, el pelo empapado, las tetas caldosas y los tobillos inflados. La madera está pegajosa y mi cuerpo, además de sólido, molido por la caída. Me levanto con un quejido buscando a tientas la cama para volver a subirme a ella. Cuando me siento en el borde no sé si tengo más ganas de llorar o de tirarme por la ventana. Me pregunto qué hora será. Aun es de noche. Aplazando momentáneamente el suicidio, tanteo la mesilla de noche esperando tocar la pantalla del móvil y, al mismo tiempo, repaso todas las oraciones que conozco para que haya dormido, al menos, un tiempo decente. Alargo la pausa con un soplido y con la mano vuelvo a restregarme el sudor de la nuca. En efecto, voy a tirarme por la ventana. Vuelvo a resoplar y entonces enciendo la pantalla del móvil.

En cuanto aparece mi fondo de pantalla mis ojos caen sobre el reloj, y es justo en ese momento cuando el minutero cambia para marcar las 2:02.

Un comentario Agrega el tuyo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s