EL VIAJE, Capítulo 10 por Carlos Feijoó

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De como quién ha comido carne humana, llega a sospechar de las instancias del estado. Esta sería otra historia, una de esas que no deberían ser conocidas, todos intuimos que la burocracia oficial deja demasiados rastros entre papeles se refiere. Así que es demasiada la gente implicada cuando se trata de trastocar una identidad. Para alcanzar eficazmente un objetivo, con expectativas de éxito, resulta más seguro moverse entre personajes pertenecientes a círculos más restringidos y entendidos en vericuetos administrativos.

            Trac, trac…trac, trac…trac, trac…A la escasa velocidad que alcanza un vieja maquina a carbón de Cook, que se soñaba para siempre aparcada y que, de repente, tose sobre las vías de hierro, que llegan hasta París, a causa de una irresoluble avería en la catenaria.

            En medio de la línea férrea, una vez atravesada la frontera hispanofrancesa, o un poco antes o quizás un poco después, Víctor obtiene con su Tablet unas fotos instantáneas, acto seguido realiza una llamada telefónica a cierto número de cierto colega de pasadas aventuras africanas, cuyo nombre sería indiscreto mencionar, un miembro más, del mayor club de aficionados del mundo entero. auspiciado bajo el anagrama de una H y una D entrelazadas con unas alas desplegadas. La asociación que hermana gente muy diversa y que circula unida por sinuosas carreteras enfundada en negras camisetas sin mangas, al ritmo patentado que marca  el motor de cuatro tiempos.

            Antes de que entre a la estación de Poitiers, una maleta cansada se divierte saltando al río, desde lo alto dibujando una cabriola que como trazo de cuchillo separa al futuro del pasado. Cuando la vieja maquina se detiene para recargar agua, resoplando al final de la estación, una mujer se descuelga desde una ventanilla, agachada atraviesa las vías, corre hacia una luz brillando en medio de un telón oscuro donde comienza el sendero hacia la libertad…

–Elise?

–Oui, Gerad?

–Oui, allons nous…

            A horcajadas, el suave ronroneo abre la marcha delante de la madrugada, por un camino oculto, una máquina importada transporta sobre su lomo, a dos seres inexistentes, en busca de un refugio hasta la llegada de Víctor provisto con un abanico de alas nuevas, escritas sobre papel timbrado.  

Blog: laestacaclavada.com

Un comentario Agrega el tuyo

  1. carlos dice:

    Reblogueó esto en La estaca clavada 2.0y comentado:
    De Paula, nuestra maravillosa editora, llega una nueva entrega de esta aventura.

    Le gusta a 1 persona

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