RETOS DE ESCRITURA de Anéizar L. Pretty Boy

Imagen de Pinterest de Anja Salonen´s

La cita de hoy era una más de cada día. Eso pensé antes de conocer a la clienta, no era como el resto de mujeres que contrataban mis servicios. Ella era joven, guapa y con un cuerpo de escándalo. No podía entender como una mujer así deseaba contratar a un chico de compañía. En el escaparate de la avenida principal vi un traje muy elegante, seguro que también muy caro. Cuando me dispuse a entrar para preguntar por su precio, el dependiente se interpuso en mi camino.

– ¿Desea algo el caballero? – El tipo me mira de arriba abajo. Poniéndole mucho énfasis a caballero, su rostro daba a entender que estaba oliendo a mierda. Yo era la mierda.

– Quería preguntar por él. – No me dejo acabar la frase. Antes corto con su mano mis palabras y me hecho con mucha sutileza. No creo que encuentre aquí nada de su agrado. En galerías Paco seguro que ves algo más de tu gusto. Buenos días. – Me abrió la puerta y me guió con su mano a la salida. Mi reloj marcaba las 12, en hora y media debía estar en el Palace con la clienta. No debía perder el tiempo, si quería conservar clientela así debería ser puntual y cuidarla bien.

– La habitación de la señorita Arauiz. – Sin levantar la cabeza del teclado, apenas pude oír el número.

– Planta 8, habitación 825. Me tiende una llave. La señorita no ha llegado. Pidió que se pusiera cómodo, mientras llegaba. – Asiento y me dirijo hacía la habitación. Subo solo en el ascensor, se puede oler lo ostentoso por todos lados. Demasiado para mí. Al entrar en la habitación, decido ir directo al baño y darme una ducha. No se nada de mi clienta, solo su edad y que es una importante empresaria de la zona. Al salir de la ducha, puedo oír la puerta de la habitación cerrar, cojo la toalla que cuelga del lavabo y salgo para recibirla.

– Señorita Arauiz – La llamo para ver donde se encuentra.

– Tuteame, si vamos a echar un polvo está feo que me trates de usted. – Al darme la vuelta, veo una mujer independiente ante mí, con una sonrisa en su rostro. Llama mucho mi atención. Se ve fuerte y preciosa.

– Muy bien. Olaya. Yo soy Victor. Solo tengo una norma. – Alzando una ceja y me imagino que por su curiosidad, me deja terminar. – Nunca beso en la boca. Ella asiente, queda conforme y comienza a desvestirse. Pasamos un buen día, no salimos del hotel. Hemos podido también hablar de cualquier cosa. Es una mujer muy inteligente y me fascina la gran personalidad que tiene.

– Solo tengo una pregunta para ti, Victor. – Gesticulo para que continué. – ¿No quieres hacer algo más por ti? ¿Estudiar algo? – Sonrió.

– Me pago la carrera de medicina con este trabajo. Pagan bien. Y en su gran mayoría, mis clientas son personas mayores que solo quieren ser escuchadas. – Sonríe, sus ojos brillan mucho. Tiene una luz muy natural saliendo de dentro.

– ¿Medico? No te pega nada. – Ahora se ríe a carcajadas. Cada vez veo una mujer más preciosa. No puedo evitarlo. Me voy acercando más a ella, nuestras miradas se encuentran y sujeto su rostro en mis manos y junto mis labios a los suyos. Puedo notar el tiempo pararse. Ya jodí mi única norma. Pero se siente bien.

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