AMORES PERROS por Luisa Gómez

El timbre sonó. Un par de meses antes había despedido a la empleada que la había acompañado por años: era muy poco el oficio, ella y Lulú no hacían mayor desorden, y sí le molestaba que la muchacha pusiera su música, se riera a carcajadas en el teléfono, y cuando daba la vuelta a Lulú por el parque le halara constantemente la correa.

El timbre de nuevo. Alza la bolita de pelos blanca que no deja de ladrar, la pone bajo su brazo y abre la puerta para recibir la comida: dieta vegana preparada especialmente para Lulú; hacía tiempo le había quitado la comida procesada y se alimentaba de lo mismo que su dueña, pero con sus diez años los riñones fallaban así que había pasado a la dieta especial y personalizada. El hombre entra hasta la cocina, descarga las siete cajas sobre el mesón de mármol negro, la perra no deja de ladrar, le gruñe, él se ríe un poco.

—¡Su Lulú es una fiera, doña Kathy! —le dice sonriendo, mientras estira la mano hacia la cabeza del animal —¿cierto, Lulusita?

La perra lanza el tarascazo, pero no alcanza los dedos del hombre, que retira rápido su mano.

—¡Ay, don Pedro! Ella es una dulzura, ¡qué haría yo sin mi chiquita? —dice, mientras acaricia los pelos largos y sedosos con la mano que lleva desocupada— usted viera lo especial que es… ahora le gruñe a usted para cuidarme, pero anoche… imagínese que tuve algo de fiebre y ella, ¡tan inteligente siempre! —y besa a la perra en la nariz negra que le asoma pequeñita entre los pelos— me lamía la frente como refrescándome, terminó por ponerse a mis pies para no molestarme, porque eso sí, esta Lulusita es consentidísima: ella duerme en la almohada de mi difunto esposo.

—Si no lo dudo, doña Kathy; es que se ve que la adora a usted, no deja que uno se le acerque —lo dice con las dos manos a la espalda, sin dejar de mirar la criaturita que comienza a ladrar de nuevo.

—Ya mi niña, ya… —le dice la mujer acercando la cabecita blanca a su boca, como sugiriendo un secreto. El animal voltea el hocico y saca la lengüita rosada y húmeda para dejarla deslizar por la mejilla enrojecida de su dueña o su madre o su esclava.

El hombre se va y la perrita vuelve a estar sobre sus cuatro patas, blancas como el resto del cuerpo, cortas; tanto pelo la hace ver gordita, como algodón de dulce, aunque en realidad Katherine le cuida mucho el peso.

Después de guardar seis cajas en el refrigerador, la mujer calienta un poco de sopa de zucchini para ella y las bolitas de arroz y manzana para la pequeña. Se siente un poco indispuesta, algo en el estómago no está bien, tal vez muchos gases, pudo ser la fruta con que acompañó el almuerzo. Lleva los dos platos ante el televisor; Lulú da un pequeño saltito hasta el cojín que ha dispuesto Kathy para evitarle un gran esfuerzo, de ahí, otro saltito hasta el sofá. Cada una deja su plato vacío. La mujer sigue con el malestar, va hasta la cocina y se prepara un poco de bicarbonato en medio vaso de agua, lo toma de un solo sorbo y se sienta en el sofá para ver la novela de las ocho. La perrita se sube en las piernas regordetas de la dueña, se acomoda sobre el vestido negro, blanco sobre fondo negro, un peluche kitsch en medio de los muebles Luis XVI entre dorados y crema.

Primer corte publicitario: en la pantalla promocionan una nueva guardería para mascotas; Lulú parece haberse dormido. Con cuidado Kathy la alza para ponerla a un lado, siente aún más inflamado el estómago, tiene presión en el diafragma y siente el pecho un poco comprimido; se levanta del sillón para caminar un poco, suele funcionar cuando tiene algo de indigestión. La perrita se despierta, abre apenas los ojos y la mira.

—Ya mi Lulú, solo estoy un poquito malita; no te preocupes, duerme —le dice, con voz dulzona, mirando al animal, tratando de sonreírle en medio del dolor.

Camina un poco más, el dolor aumenta, se toca la frente que siente húmeda, pero está fría como el mesón de mármol; respira profundo, suelta el aire con lentitud, trata de agarrarse del espaldar de la silla más cercana pero el aliento no le alcanza, su cuerpo de desgonza y al caer se golpea la cabeza contra la punta de la mesa de vidrio. Lulú se levanta rápidamente, rodea el cuerpo grandote de la mujer, la olisquea, chilla un poco, griticos cortos y agudos, se para sobre el pecho de su ama que no reacciona aún. El animal pasa su lengua con rapidez sobre las mejillas pálidas, sobre la nariz, en la frente; de pronto se detiene y hace movimientos cortos con la cabeza: va estirando el cuello que sigue a la nariz, da la vuelta, y su olfato la lleva hasta el mechón cano de Kathy por el que se deslizan gotas de sangre espesa que van cayendo sobre la alfombra blanca y mullida. Lulú lame la sangre que empieza a mancharle las barbas y los bigotes, se mete entre el hocico los pelos rojos de su dueña y los engulle como spaguetti. La lengüita entra y sale rápido con afán, tratando de no perder bocado, se va acercando a la cabeza de la mujer, mete su trompa en el cuero cabelludo, la puntica de la nariz ya no es negra, no solo negra; jalonea un trocito de cuero cabelludo, mastica rápido… otro trocito. Está cerca de la oreja; el charco de sangre en la alfombra se va agrandando, el bicho arranca el arco de la oreja, se mancha algo del pecho, un babero rojo comienza a aparecerle y tiene goticas regadas alrededor del hocico: los ojitos negros, las pecas rojas sobre fondo blanco, la nariz carmesí. El animal se relame y sigue concentrada en su presa. Un quejido quedo, casi sin fuerza, se despega del cuerpo de la mujer que sigue sin moverse; se alcanza a ver el pecho que sube y baja, tela negra arriba y abajo, arriba y abajo, cada vez más lento; los quejidos constantes. Lulú con la cara roja, la cabeza humana sin oreja, Lulú desgarrando un trocito de cuello, lamiendo la quijada de la mujer, el tapete cada vez más rojo, con huellitas de perro rojo, los quejidos y la respiración cada vez más lentos.

ellaviografia.wordpress.com

2 comentarios en “AMORES PERROS por Luisa Gómez

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s