Fotografía tomada de Pinterest

La sujetaba fuerte por la cintura, ubicaba mi cuerpo en la mejor posición y evitaba que mi sudor la mojara, pero en un instante todo ese cuidado dejó de preocuparme. El viento se llevó las nubes y la luz se abrió paso por la casa hasta el cuarto. En ese momento cerró sus ojos y se entregó a sentir todos los calores que atravesaban su cuerpo.

¡Qué mujer! Un ser entregado al placer, a todo lo que nuestros sentidos pudieron ofrecer, y… lo único que hice, fue dedicarle todo mi ser.