Fotografía tomada de: Pinterest

Ahí iba él, deslizándose a través de los kilómetros y kilómetros de piel que visten mi esquelético ser. Sus labios, sus besos, sus dedos… un conjunto de sensaciones aferradas al cosquilleo de mi respirar, parecían un choque de cometas en mi estómago. Un nuevo color surgía; el blanco de mis ojos gimiendo era su favorito. Mi sonrisa temblorosa mientras chocábamos, eso es lo que él extraña, me lo dijo, y su lengua allí abajo ensalivando mi intimidad… ¡ohh, sí! Hay una brecha enrome en este espacio, un mar que divide nuestros cuerpos y muchas ganas de follarnos. Espero verlo y reanudar lo que dejamos en pausa durante el mal tiempo.