Mi cuerpo se tiñe de bronce mientras el sol besa mi escamosa piel.

Me despojo de los harapos que cubren mi fruto perfectamente escondido y maduro;

lo toco. Se despierta.

Se desenreda de la selva que lo rodea y empieza a humedecer; está gozoso.

Lo toco, lo acaricio

y lo ensalivo lubricando su cabeza rosa pasión,

mientras en mi mente yacen un sinnúmero de pensamientos lascivos.

Echo mi cabeza hacia atrás,

mi mano no busca detenerse,

entonces se acelera.

Sí, el rubor pinta mi rostro y mis pupilas se dilatan…

¡ya estoy llegando!

Ah… ah… ah…
Lluvia de esperma

Fotografía: Tomada de internet