Un rollete ideal – Amapola

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La primera vez que lo vi quedé prendada de él, recuerdo que irrumpió en clase para comunicarnos el cartel de eventos que iban a producirse en la facultad ese trimestre. Su voz ta sexy y masculina me envolvió, era difícil dejar de escucharle. Quedé prendada de su manera de hablar...

Me quedé con esa rica sensación en el cuerpo, horas después de ese primer contacto me percaté de que compartíamos asignatura a la misma hora y en el mismo salón; en una de ellas la profesora nos organizó en grupos para hacer un trabajo etnográfico, suerte la mía; justo me tocó hacer equipo con él; mi corazón saltaba de júbilo. Tras las quedadas y constante comunicación por el ejercicio académico, fuimos conociéndonos más y mejor. Empezamos a sentarnos juntos, a compartir apuntes, libros y reflexiones, detalles que estrechaban lazos entre los dos. Era un chico inteligente, eso me gustaba muchísimo, además de ese desparpajo que le salía por los poros y que me mantenía alerta. Un par de semanas después quedamos con otros compañeros para tomar unas copas en un bar de Lavapiés, había música y buen ambiente, en medio de la multitud y el murmullo de las conversaciones nos besamos, allí fue cuando me confesó que le gustaba desde hacía tiempo, y que ese beso lo había estado deseando. Sentíamos una atracción tan grande que no sé por qué no nos atrevimos antes.

Teníamos que recuperar el tiempo perdido, así que fuimos a su apartamento. Excitados por la situación subimos las escaleras hasta el sexto piso de un tirón, cuando cerró la puerta hubo un instante en el que callados nos mirábamos fijamente hasta romper en risa, producto del nerviosismo del momento. Abracé la calidez de su presencia, su cuerpo tibio y sereno se acercó hacia el mío. Empezó a besarme desde la punta de los pies hasta los pechos, chupándome como si de un de un caramelo se tratara. Las raíces de la cama se desmoronaron, sentí cómo flotaba entre sus brazos mientras besaba mis labios con fuerza. Nuestros ojos se encontraron, y pude ver en en ellos la verdad de su deseo. Me imaginé en los brazos de un poeta que me susurraba al oído versos como conjuros que cautivaban mis ganas, adueñándose de mi pasión, liberando cantos de excitación que acompasados seguían el ritmo de su cuerpo sobre el mío.

Todo fue como una catarsis en la que el tiempo se diluía. Nos olvidamos del mundo para centrarnos en aquel momento tan único como increíble. Él y yo… convertidos en ese tú y yo, que al final, se convirtió en un gran nosotros…

Fotografía de: Pinterest

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  1. Reblogueo esto en Masticadores y en el face de 5000 seguidores j. re

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