Idea original de Virginia Varrò.

Este poema es una construcción colectiva del equipo de Masticadores Eros. Día internacional de la poesía 2021.

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Imagen por Virginia Varrò: https://www.instagram.com/virginiavarro/?hl=es

No doy abasto con todo el dolor de mi alma.
Llevo todo el día repensándome en rincones solitarios.

Mientras el primo canto de las aves resuena,
me encuentro fumando perdido en el tiempo,
entre ajenos pensamientos, librando sus azahares.

Fluyen mareos de lluvias tristes
con tierras que claman por un poco de agua.

Soplan aires que amansan heridas de antaño
y mi piel pide tregua,
enquistando mis deseos por tus estrellas,
donde si acaso, un poco de tu manantial me ampara.

Se me ha enredado entre los dedos
el pelo más bonito que jamás ha volado
junto con la brisa de Mar del Plata.

He intentado entender su textura,
cogiéndolo entre mis dedos.
Sintiéndolo rugir, raudo
en cada una de las crestas de las olas.

Llega el frío partiendo el inicio
de la estación de las flores en dos.

Se me inunda el alma de todos
los colores que emergen de la arena.

Me enamoro de la brisa
que contra mi rostro,
la incandescente luz devela.

La sombra bajo mis ojos se disipa,
mientras evoco la tersura de tu cuerpo,
bañado por la calidez que trae este nuevo ciclo.

Donde la brisa ahora,
lleva tu aroma mezclado
con el de las flores.

Mi corazón late excitado,
excitado por compartir
cada instante de esta vida a tu lado.

Es ahí…
Sí, ahí.

En ella se contempla el dulzor del aire.
Tiene la esencia natural
que impregna cada espacio.

¡Vaya!
¡Carambolas!

¿Será posible descubrir tu melodía risueña entre los árboles?
¿Estaré soñando?

Quiero verte como veo el mar caribe a través de mis ojos,
sentirte como las montañas dentro de mi pecho,
siendo río que corre entre mis piernas…

Perdón, me he liado con mis pensamientos.
Pasajes que contemplan vida.
Sí, esa misma que viene y va,
no me dice nada.

Camino, pienso, estoy aquí…

Se suman nuevas vírgenes
floreciendo en los campos trémulos.
Las miradas de hielo quedaron atrás,
petrificadas, cambiantes al fulgor de la primavera.

El son de la brisa que no llega a ser cálida
ronronea como sutil gata en celo.

Me abruma el caminar,
entrelazando tu cabello entre mis dedos,
llevándolo hasta mis labios sedientos,
hasta el sabor de tu piel, que ha cambiado.

Es primavera amor,
es primavera.

Pero estoy tan otoño,
no puedo desprenderme de mi estación,
me abrazo a tus palabras
esperando pasar estos meses.

Contemplaré las flores,
leeré gustoso el amor
que les produce la llegada del cálido sol.

El canto de los pájaros que
augura el festín de nuevos amores
vendrá a avivar la llama de este cuerpo.

Aunque yo siempre estaré esperándote.

A pesar del polen
que cubre el pavimento pacientemente,
penetrando mis pulmones
que patalean por penuria de aire,
con pobreza de pensamientos púrpuras
al lado de la carretera.

Pista por donde pasean nuestras promesas.

Palabras posadas sobre el papel.
En parte, planta y prima de lo que fue.

¿Pero acaso existe alguna otra manera en la que yo pueda amarte?

Te llevo en mis pupilas,
en mi piel, en cada papila gustativa
de mi lengua enloquecida por tu sabor.

Te llevo cada día en mi memoria,
en mi corazón, en todo lo que fui,
lo que soy y quisiera ser.

Me basta cerrar los ojos y respirar,
para encontrarte en el beso de cada flor,
en la nota de cada canción.

Siempre estaremos los dos,
para volver a vivir aquellas aventuras.

Porque contigo soy puro verano,
donde el invierno no me toca.

La primavera se convirtió
en el nombre de nuestra historia de amor,
cargada de nuestras locuras en la playa,
acaramelados a plena luz del día,
bailando reguetón sin ropa interior, en el malecón.

Siempre fuimos amantes fogosos,
que no desperdiciábamos
el fuego que nos quemaba,
saciando las ganas donde sea y como sea.

Sintiéndonos sexys y libres
para amarnos
como dos locos desenfrenados,
tal para cual.

Y así mismo como florece la primavera,
recordándote florece mi corazón
ya reverdecido y ávido de pasión.

Definitivamente sin importar la estación,
puede llover, puede hacer sol,
puede la nieve helar y el otoño soplar
pero mi amor seguirá intacto,
porque solo así sé amar.