Quería sentirse libre y sin miedo a volver a reinventarse. Dejó aparcado todo lo de antes, y se embarcó en la experiencia de reconocerse a partir de su propio cuerpo, vinculándose de manera más emocional en la construcción de una imagen no solo visual, sino también más lírica, para así poder transmitir todo lo que ella es capaz de percibir a través de un instinto, que la hace procesar con todos sus sentidos el entorno en el que se mueve; viviendo una constante sobreestimulación sensorial, que dilata sus emociones con mucha más intensidad que al común de los mortales.

Fotografía archivo personal @virginiavarró

26 de octubre de 2019

Obscena

Mi derecho a caminarte. A sentirte en mis entrañas. Mi derecho a mecerte en los aromas de mi vulva, y ofrecerte el agua que necesitas y te mereces. Aquí, el agua que llega de la montaña a través de tuberías y canales. Te siento, no puedo mentirte. Colocas los lugares que necesitan ser regados a las horas que las nubes condensan sus viajes al mar. Justo en ese momento mi cuerpo se siente ofrecido. Y bebo, y bebo sedienta. ¿Cómo lo sabías? ¿Cómo no vas a saber si estás aquí? Tienes algo que me encanta. Me encanta tocarte, provocas en mí que mi cuerpo sepa y yo no tenga ni idea. No voy más a desarrollarme personalmente. Me emanas demasiado de mi vulva, eres demasiado real para no sentirte ya mismo. Mi derecho a caminarte. Amarte quiero. Y es ahora, cuando lo hago llegar paseando por este camino urbano. Aquí la posibilidad se revoluciona paseando, y no comprende de otra cosa que no sean las miradas. Las miradas de ahora.

Aprovechemos ahora que no hay otro ni nadie a quien culpar, ni ningún monstruo en los cielos, ni tapaderas de tamaño suficiente. Hay nubes regando la tierra. Bebamos.

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Virginia Varrò, es hacedora de la palabra escrita, es sensual, erotizante y contagiosa. Se ha convertido en una artista multidisciplinar, y todo esto lo ha recogido en una evolución cíclica en permanente construcción. Experiencias que trascienden las connotaciones estacionales, amoldándose a la realidad de lo que ocurre en su acontecer diario. Todas enmarcadas en sus vibraciones corporales, sin encasillarse: ¿Cuántas veces es capaz de renacer esta mujer?

Los ciclos de la naturaleza nos los enseñan en la escuela, a muchos se nos ha quedado grabado en la memoria: Los seres vivos nacen, crecen, se reproducen y mueren; lo de reproducirnos es una decisión muy personal, no es un objetivo fundamental para la realización del ser humano. Los otros tiempos también dependen de muchas cosas, pero si la vida sigue un curso natural dentro de tanto caos, eso se da.

Muchos dedicamos la vida a reproducirnos de otras maneras más artísticas, y eso es una realidad innegable. ‘La Varrò’, como cariñosamente la nombro, es una mujer que ve en la importancia de comunicar un valor que no es negociable. Mientras conversamos, puedo ver a través de la pantalla, cómo se toca el cabello con regularidad, e intenta dejarme claro cuál es el objetivo de las cosas que hace. Virginia es Madrileña, y la segunda hija de un matrimonio de clase media, que desde muy pequeña le ha transmitido la belleza del arte. Considera que, todo lo que hoy representa, nace del aprendizaje dentro de la cotidianidad familiar que le ha hecho entender que, toda manifestación artística debe ser respetada. Esta una mujer virgo, que estudió psicología, tiene 40 años, y después de mucho tiempo ejerciendo la profesión, inmersa en un sistema que estructuralmente no estaba siendo justo a su ver, tomó la decisión de dar un vuelco a su existencia, y abandonar aquella manera de vivir su vida.

Virginia, Tenía muchas ganas de hacerlo desde otra perspectiva, esa idea se volvió una necesidad que se le metió en la cabeza, y no hubo vuelta atrás. Es imperativo en su concepción existencial, poder sentir a las personas e implicarse en algo real: “Para mí es indispensable comunicar, y sé que todos tenemos la posibilidad de hacerlo. Realmente podemos sacar partido de las distintas presencias en nuestro entorno. Yo necesito sentirme implicada verdaderamente en algo que trascienda mis emociones, algo orgánico que revele mi verdadera conexión con el mundo en el que vivo. La psicología ya no era todo aquello que fue en un principio. El sistema está rancio y me generaba mucha frustración. No podía seguir contribuyendo con una estructura que no me hacía feliz, así que decidí hacer arte, mí arte” dice.

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15 de marzo de 2020

Es mediodía, el Sol está potente en el cielo, en el marco de la ventana. Es la hora en la que todo es bruto. Es la hora en la que tal cual lo siento. Es tal cual, con vida. Abro el cuaderno que empecé a trazar en mis viajes y voy a comenzar a crear. La Tierra hace todo el rato esto de incluir, y de alguna forma, incluyo en estas letras, trazados, dibujos sueltos que he hecho en trenes, coches y mucho del fuego que siento al conectar con ellos.

Aclaremos una cosa, soy humana y mis ojos se abren y cierran. Escucho la canción que has tocado con la guitarra. Mis orejas escuchan. Saben de la presencia del silencio. Te estoy abrazando ahora mismo. Mi piel sabe de tus músculos. De tu pulso y de tus huesos. Los alaridos de placer son residencia. Escucho en la soledad de una esquina de la casa. Estoy rebuscando entre los bocetos de mi inventario de construcciones. Estoy buscando esa esquina, desnuda, bruta, tal cual, salvajemente presente, a la que vuelvo una y otra vez. No puedo contarte todo lo que ha pasado aquí. Pero puedo mostrarte lo que hay en toda mi presencia. La que tengo ahora. Le estoy poniendo cuerpo, ofrezco la convivencia en

todo. Ventanas que saben de mar y desierto. Bienvenida a acompañar este proceso. Dejé un plato sobre la mesa, con fresas y pomelos. Lámete los dedos.

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Empezó a experimentar artísticamente con diversas iniciativas y fue creciendo en su faceta más creativa. De manera autodidacta se ha ido convirtiendo en especialista en artes gráficas, participando en diversos proyectos que van desde la fotografía hasta el diseño de portadas para libros; pero le seguía faltando algo, algo más Varrò. Quería sentirse libre, y sin miedo a volver a reinventarse, dejó aparcado todo lo de antes, y se embarcó en la experiencia de reconocerse a partir de su propio cuerpo.

Fotografía archivo personal @virginiavarró

Se vinculó de manera más emocional en la construcción de una imagen no solo visual, sino también lírica, para poder transmitir todo lo que ella es capaz de percibir a través de un instinto, que la hace procesar con todos sus sentidos el entorno en el que se mueve; viviendo una constante sobreestimulación sensorial, que dilata sus emociones con mucha más intensidad que al común de los mortales.  Relatar lo que siente hace que proyecte todas las ideas de su cabeza sobre su cuerpo, escribe poesía, y, a pesar de haber hecho diversas contribuciones en producción literaria, no se ve escribiendo de una manera más profesional. Es hacedora de la palabra escrita, se ha convertido en una artista multidisciplinar, y todo esto lo ha recogido en una evolución por ciclos en permanente construcción. Experiencias cíclicas que trascienden las connotaciones estacionales, amoldándose a la realidad de lo que ocurre en su acontecer diario; todas enmarcadas en sus vibraciones corporales, sin encasillarse: “No me comprometo, no me condiciono” afirma.

Su relato poético es potente. Juega con el espectador, y en sus propios términos, comunica e implica en su performance digital a quien se la encuentra, estimulando a través de la exposición visual, poética erotizada a quienes la seguimos. ‘La Varró’, no se considera ni poeta, ni escritora; solo creativa. Lo único que sabe es que cuando le llegan las palabras, coge el móvil y puede sentir esa conexión con el espectador; es un ejercicio muy natural. No le importan la cantidad de seguidores, valora cada interacción, pero considera que va más allá de lo que se ve, cada escrito se convierte en un lenguaje con sus propias características, y se comunica de manera distinta.

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26 de junio de 2020

La textura de un huevo sobre un plato, haciéndolo hermoso, me hace sonreír.

No eres ningún lugar al que acudiré mañana.

Mañana. Es una palabra para acoger todo el sol, en el horizonte y en cada centímetro de mis pieles. Saber de su verdad ahora me hace quererte extender sobre mis piernas.

Pero sobre todo y por encima de toda su cotidianidad, su día a día, su dedicación en cada momento, son de las cosas que me cantan al oído y a lo que sé contestar.

El placer que brota entero de mí, todo el que brota de cada una de mis pieles enteradas.

La mujer del placer de pieles enteradas. La mujer de las piernas largas de pieles enteradas. Enteradas de todo el placer que soy.

Todo el placer que te muestro sin ninguna duda. Toda yo, soy placer.

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“El enfoque es aprender comunicando, porque hay muchas herramientas para el desarrollo de una comunicación efectiva. Ahora estoy construyendo una propuesta que me ayude adaptarme a las circunstancias actuales. Quiero aportar en cada ciclo algo novedoso, echando mano de las herramientas digitales, quiero ayudar a más personas a realizarse desde otros ámbitos, creando desde la ventana digital que nos ofrece el mundo a través de las redes sociales; comunicando, jugando. Las redes sociales invitan a eso.  Hay que comunicar jugando”

Los pasos de Virginia, nos llevan por caminos inesperados, y como en los ciclos de cualquier producto, esta instrucción crece a un paso muy bonito; y como no se sabe qué depara el mañana, seguramente llegue a la madurez, y al inevitable declive en el que empiece a construir algo distinto. No me gusta suponer nada, pero ‘La Varrò’, es capaz de reinventarse con tanta convicción, que quizá en un par de días leamos algo diferente, y eso a mí me gusta. ¿Y a quién no le gusta un ser humano que es capaz de habitar sus deseos con intensidad consciente, y sentir todo lo que escribe con una sensualidad tan natural como la de ella? Conózcanla, puede que les pase lo mismo que a mí, y que a otros que empiezan a hablar de ella…

Para conocer más de la artista en Instagram: @virginiavarró

Quinny!