Fotografía tomada de: Pinterest.

Señor doctor, creo que estoy muriendo, tóqueme el corazón y sienta como palpita por él.

Es un motor que acelera sus revoluciones cada vez que su humanidad por mí se atraviesa.
Necesito medicación, un antídoto que revierta este amor salvaje que siento cada vez que se acerca, y en mi boca sus labios se duermen.


Su lengua escurridiza y traviesa en mi garganta se atasca, causándome una fiebre interior que eleva mis niveles de alguna cosa; es ataque cardiaco seguro cada vez que sus manos a mis muslos se aferran.
Él me desencaja, pero a la vez me completa, abre mis piernas como una flor en primavera.


Señor doctor, estos impulsos cada vez son más fuertes, sobre todo cuando él me hace el amor en el asiento trasero de su coche; me deja cubierto de su olor embriagante, y cosas que no comprendo en mi interior suceden.


Él es puro veneno, es una enfermedad que invade mis adentros, haciéndome perder la cordura hasta entregarle cada rincón de mi tembloroso cuerpo.
¡Ayúdeme! No me deje así.

Señor doctor: !cúreme¡