Fotografía: https://blogdefannysantiago.wordpress.com/

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Reservo mi nombre, llámame como quieras, te doy permiso. Al son que me toquen bailo, pero báileme usted bien; siempre y cuando no haya faltas de respeto. Quiero sólo si quiero, no soy una mujer fácil, lo que sí soy, es una mujer ardiente, perversa, y… siempre tengo “hambre…”

Me defino como pasionalmente intensa. Expreso las cosas como las siento, y me gusta hacer realidad mis fantasías. Disfruto del sexo salvaje y resistirme a un buen encuentro es casi imposible; observar a mi interlocutor carnal para posteriormente describir mi experiencia, y ver cómo se elevan en sus pensamientos. Ser deseada, disfrutar del tiempo segundo a segundo, mientras están dentro de mí; verlos saborear lo húmedo, cálido y estrecho de mi vulva. Locura es sentir lo potente de sus erecciones en el fondo de mi vagina, y dentro de mi ano.  Si pudiera hacer de esos encuentros algo eterno…

Ninguno de ustedes se imagina cuán húmeda estoy todo el día, deseosa de más y más sexo. Muchos le llaman a esto enfermedad, pero no puedo encontrar defecto o maldad en algo que disfruto tanto. Paso los días pensando en tener una nueva aventura, sentir la inmensidad de un pene agreste estremeciéndolo todo. La felicidad que me causa un orgasmo chorreante, y ese enérgico vibrar allí adentro no es comparable con nada que conozca. Los hombres son mi debilidad, en la intimidad llevo sus niveles de excitación aún más lejos de lo que conocen; descubriendo cada truco, cada ruta, cada atajo. Buscando cómo lograr que no puedan contener sus gemidos para desatarme excitada. Gemir en sus oídos, escucharlos gritar, sentir su desesperación por tenerme enganchada, y sus ansias por propiciar mis orgasmos. Estas ganas no despiertan si así no lo deseo, no suelo complacerlos corriéndome a la primera de cambio.

De vez en cuando en una orgía es difícil no ceder, esos encuentros son mi perdición, una de mis golosinas favoritas, y ante la plenitud y la abundancia de los estímulos, es inevitable no romperme.  Hago uso de mi ego siempre que puedo; me fascinan los señores dispuestos, someterlos hasta el descontrol; separarlos de sus pieles, dejando atrás la imperfección del ser. No conozco los límites, doy rienda suelta a toda mi perversidad para quemarlos en la hoguera salvaje de mi coño en constante ebullición. No hay dolor que valga, saciar mi sed con sus sexos es la expresión del placer máximo.

Ser objeto sexual me gusta, pero sólo bajo mis reglas. Adoro que me desnuden con furia, los besos húmedos, la sensibilidad posterior en mis pezones, suplicar que me penetren, y pedirles por favor… eso les enloquece. Deseo que sus erecciones sean mías, que sólo deseen mi cuerpo, ahogarlos en el pozo profundo de mi hambre y hacerlos perder la cabeza. Que sean presos de mi ano, que sean salvajes con él, que no se detengan ante mis quejidos. Quiero sus lenguas en mi vagina, que extraigan el néctar de esa flor a plenitud, que me hagan temblar. Quiero esa felicidad que nunca es suficiente, como en una ruleta constante.

Soy adicta al sexo. Mi humor es amargo hasta que me cogen, hasta que por fin me penetran sacando todo de mí. Soy una ninfómana irremediable, y ahora mismo estoy muriendo de ganas…