Fotografía: archivo personal Cacoethes Scribendi

En Masticadores tenemos el compromiso de visibilizar el arte de escribir en sus muchos géneros, ofreciendo una ventana a través de la cual se escuchen las voces de nuestros colaboradores e invitados, con sus particularidades, y estilos tan diversos.

En el marco de la celebración del Día internacional de la mujer Afrodescendiente, Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora; homenajeamos y damos visibilidad a mujeres racializadas que desde sus espacios más íntimos, se manifiestan en contra de la desigualdad que se vive a diario en la lucha constante por la igualdad , y ese malentendido “ser de”. Hoy les presentamos a: Cacoethes Scribendi, una mujer de los 80’s con una resiliencia creativa magnífica, que comparte con gusto, y con la satisfacción del deber cumplido su parecer acerca de la actual situación de las mujeres racializadas en España. Orgullosa de esa obligación que tiene con ella misma como mujer, hija, madre hermana, amiga y trabajadora, camina honesta de cara a las demás mujeres; con el hecho firme, de que somos las actoras responsables directas de nuestro presente, con relación a cómo queremos ser vistas en el futuro.

De sonrisa tierna, y con una voz extremadamente dulce, es inevitable hablarle y no aplacar las marchas de lo que con relación a ella compete. Una mujer consciente de que la lucha de las mujeres racializadas en España, debe ser una constante que rompa con la concepción de que la mejor posición para quienes hemos migrado, o nacido aquí a partir de la migración de nuestros antepasados, no es vista más allá de lo que a servidumbre y pasividad se refiere. Porque como siempre: “este no es tu país, aquí las cosas son diferentes, !no hay para nosotros y va a haber para ustedes¡…” Cabe resaltar que de manera muy tibia sobre todo durante las últimas décadas, la representación de la mujer racializada, abre sus propios espacios, usando las voces de colectivos femeninos con conceptos tan diversos pero que convergen en una misma voz: empoderamiento, igualdad, respeto, paridad. Los avances han sido perceptibles en varios frentes: educación, deportes, arte, representación política nacional y autonómica. Sin embargo, el hecho de que se reconozca el éxito de algunas mujeres racializadas, no significa que, se haya logrado un avance con relación a las mujeres blancas en términos de  oportunidades laborales, salarios, estado, salud y relaciones con las instituciones de la ley y la justicia; definitivamente aún no se logra la tan deseada igualdad de derechos en la práctica.

Nuestra invitada escribe desde la infancia, plasma sus emociones con naturalidad y con bonita pasión. En esta ocasión comparte ‘El nombre interminable’ un relato que describe un encuentro valiente y pasional. En su entrevista abre su corazón, para dar a conocer su experiencia como migrante. Disfruten de parte de la escencia de esta hermosa mujer.

‘El nombre interminable’

No tenía nada de especial. Era un hombre corriente que lucía las facciones típicas del gentilicio de aquel lugar. Tenía un nombre lo suficientemente común como para que no me extrañara, pero no recuerdo cuál es.

-Cómo se nota que preferirías estar en otro sitio- me dijo después de pedir un mini de calimocho en la barra. Le miré de reojo sin girar la cabeza. 

–Je– contesté y volví a descargar mi ira sobre el hielo picado de mi mojito. No era ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, y era calvo. Pero su acento le daba un toque bastante sensual. Así que me di la vuelta para seguir hablando, pero ya no estaba. 

– ¿Qué? ¿Me buscabas? – 

Sentí un aliento cálido sobre mi nuca y cuando me giré, vi que me sonreía. Noté cómo se me aceleraba el corazón, al mismo tiempo que se me erguían los pezones. 

– Sí, quería preguntar si sabes dónde puedo lavar ropa. Las vías siguen inundadas y parece que los viajeros, nos quedaremos más tiempo aquí – 

– ¿Ves cómo preferirías estar en otro sitio? –

– Bueno, ¿pero me puedes ayudar o no? – 

-Os creéis muy importantes los turistas ¿verdad? Y os pensáis que estamos siempre a vuestra disposición para haceros la vida más fácil. Estaba intentando entablar una conversación contigo… no sé… acompañarte… parecías estar sola y aburrida. Y tú, me miras, decides que soy un vulgar provinciano, y acto seguido, me preguntas por una lavandería. Busca con tu móvil, así no tendrás que aguantarme.

– ¡Pero bueno! – protesté, pero no me salió tan fuerte como me imaginaba. Todo aquel despliegue de odio hacia los privilegios de los turistas me estaba excitando. No dejaba de sentir el roce de mis pezones contra mi camiseta. Me vio morderme el labio sin querer. -Ah, y ahora te burlas de mí…- No le dejé terminar la frase, le agarré la cabeza y le besé en la boca. Sentí un pálpito en mi sexo que pedía a gritos una caricia. Apreté mis senos contra su pecho, y él respondió rodeándome con sus brazos y acariciándome la espalda. Me aparté durante un segundo para mirarle a los ojos. Ojos marrones de toda la vida, nada especiales. Se acercó y seguimos besándonos. Noté mi vulva hincharse y noté mis bragas empezar a mojarse. Noté mis orejas calentadas y sentí otro flujo que me seguía mojando abajo. Noté su pene erecto, y me di cuenta de lo empapadas que tenía las bragas. Solté un gemido mientras le mordía el labio. Se apartó de mí, jadeante. Me cogió la mano y me dirigió hacia unas escaleras que bajaban a los servicios. 

Entramos en el vestidor de los camareros y cerré la puerta. Me acerqué a él, acariciándole el torso, la cintura y la cadera… subí mis manos hacia su cuello y le volví a besar mientras le empujaba suavemente contra la pared. Mi pubis chocó contra su miembro erecto. Como no aguantaba más, metí mi mano en mis pantalones. Sentí mi barriga sudada y también sentí mis bragas pegadas a mis ingles de lo mojadas que estaban. Toqué mi vulva, estaba muy hinchada. Él me miraba con los ojos entrecerrados, se bajó la cremallera, me bajé la cremallera, cogí su mano y la deslicé por mi entrepierna. Sus dedos rozaron mi vello púbico, igualmente mojado. Lentamente, me masajeó el clítoris con unos movimientos circulares, suaves.

-Voy a deletrear mi nombre sobre tu coño. Adivínalo – me susurró. 

– Una O – dije. 

– Una S… Ohhhh – 

– Error. Vuelta al principio – 

– No estaba diciendo… – 

– Shhhh… Desde el principio – insistió. 

– Una O – comencé de nuevo. 

– Siguiente – 

– Una S, una C, una A… ahhhh… ahhh… – 

– Muy mal, voy a tener que castigarte – 

Antes de darme cuenta de lo que estaba pasando, ya me había arrancado los pantalones y las bragas hacia abajo, y ya se había arrodillado delante de mí. Metió su cabeza en mi coño y su lengua surcó aquel humedal cubierto de temblores. Espasmos que se intensificaban cada vez que su lengua se movía. Succionó. Le apreté la cabeza con los muslos, lo cual le hizo succionar más y más fuerte. Alternaba la punta de su lengua y la succión de sus labios, hasta que dejó de chupar y empezó a lamer. Al cabo de unos instantes, me di cuenta de que hacía cinco movimientos repetidos, en el mismo orden. 

– Una O – dije. 

– Mmm-hmm – respondió, y la vibración de sus labios me estremeció entera. Continué…

– Una S, una C, una A… ahh… ahh…. –

Entrevista

ME: ¿Qué implica ser una mujer racializada en España?

CS: En mi experiencia, ser de origen filipino casi siempre me ha derivado a dos tipos de conversaciones: la primera y la más habitual es donde aluden a Isabel Presley como paisana, y la segunda es cuando alaban a las asistentas domésticas filipinas porque: “no se quejan” y “les parece todo bien”. Esa es la punta del iceberg. Ya llevo casi dos décadas en este país y con la gente de mayor confianza (blanca, en su mayoría), el comentario que más recibo es que casi ninguna me ve como filipina: “Es que no te considero filipina, ni siquiera asiática”. Esa invisibilidad de mi esencia siempre me había dejado sin habla. Yo sé que lo dicen desde el más profundo cariño y por eso, hasta hace poco no había dicho nada al respecto. Pero ahora ya sí, hablo, y les pregunto: ¿Entonces, me ves cómo española? Porque de ser así, no estaríamos teniendo esta conversación. Esa invisibilidad lo que hace es negar elementos culturales que me definen, y que leídos bajo códigos occidentales, pueden ser interpretados de manera perversa: mi silencio por aburrimiento se interpreta como timidez (ergo con miedo a hablar, ergo menos empoderada); mi alegría natural se lee como falta de estrés en la vida (lo que lleva a pensar que soy conformista o que no aspiro mejorar mi situación de vida); mi opción por llevar una lucha más silenciosa y que empiece por mí misma se entiende como sumisión, sólo porque no hace tanto ruido “como debería”… Es como si la única manera de hacer las cosas fuera la manera de ellas, las personas blancas.

ME: ¿Cómo llegó el activismo a tu vida?

CS: Llegó a través de mi madre. Nací en el seno de su activismo para proteger la nueva y frágil democracia en Filipinas a principios de los 80. De niña, mi educación fue muy marcada por los valores por los que luchaba mi madre. Como adulta, me llegó por la Fundación Entredós, a través de su Espacio Muchas. donde di una charla sobre mi experiencia como mujer racializada en España. Eso fue en octubre de 2019 y a partir de ahí, todo se ha ido colocando en mi vida: me he puesto en contacto con personas que pertenecen a asociaciones feministas antirracistas, mujeres con gran pasión por la escritura, artistas racializadas… todas me han ido conduciendo hasta dónde me encuentro ahora mismo. Ahora, esa parte es el “cómo”, pero el “por qué” abracé el activismo, es totalmente por mi hijo. Tiene 4 años, es claramente racializado y se mueve en un mundo mitad blanco (porque su padre es blanco) y mitad de color. Mi hijo me motivó a tomar una postura más clara y pronunciada sobre este tema.

ME: ¿Qué causas consideras las más relevante en este momento?

CS: La lucha antirracista me parece muy relevante. Pero desde siempre, incluso fuera de esa causa, lo que promuevo o apoyo siempre tiene un carácter más íntimo, y se desarrolla dentro de círculos más reducidos. (Admiro las hermanas que están en las esferas más públicas o más expuestas a la hora de llevar a cabo su lucha, porque se requiere una gran cantidad de energía y un compromiso inquebrantable para estar ahí.) Dicho esto, os comparto que ahora mismo, estoy en el camino de buscar formas de trabajar en alianza con mujeres blancas. Es un terreno resbaladizo, pero estoy en un momento de mi vida en el que me gustaría darle una oportunidad a trabajar con aliadas blancas en la lucha antirracista. Me parece que todas las que somos conscientes del racismo sistémico de este país, estamos en un proceso duro de deconstrucción, aunque no todas llevemos el mismo ritmo. Aun así, estamos allí, y elegimos estar allí. Y quizás me estoy equivocando, pero como siempre he creído que la unión hace la fuerza, la cuestión se convierte en elegir sabiamente con quien unirse para lograr objetivos comunes. Es un trabajo arduo, y por eso, por mi forma de ser, lo estoy llevando en un terreno más privado, dentro de mi zona de comodidad, en la que puedo ir pasito a pasito. Una zona donde cada equivocación se puede considerar como un aprendizaje (versus una situación en la que se pueda explotar dicho error para manchar la lucha antirracista, soy una cagada, lo sé), y dónde cada pequeño avance beneficia a otras personas racializadas.

ME: ¿Cuándo descubriste que te gusta escribir?

CS: Tenía 10 años. Una amiga de 17 me pidió ayuda para escribir una carta de amor a su novio de 19. Fue un éxito y me lo pasé muy bien haciéndolo. Así que acepté más encargos de ese tipo. Ese mismo año, en el colegio, nos pidieron componer un poema y creo que al tener ya el músculo de escribir y de crear bastante trabajado, me salió una cosa muy chula que ni la maestra se lo esperaba de alguien de mi edad. A partir de ese momento, ya no he parado de escribir: cartas, diarios, blogs, poemas, relatos, etc. Pero claro, eso es la escritura en inglés. En castellano, empecé a escribir en el 2018, en el Taller de Escritura Peligrosa (antes ‘Creativa’) de la Fundación Entredós.

ME: ¿El sentimiento de migrante es importante a la hora de escribir?

CS: Siento que sí. Sobre todo, cuando se trata de trabajar los sentimientos generados por el rechazo. A nivel individual, es algo que nos mantienen sin dormir porque normalmente tiene algo que ver con la manera con la que ganamos el pan de cada día, o una oportunidad para mejorar nuestras capacidades para, otra vez más, encontrar un mejor sustento de vida (todo esto, independientemente de si las personas que dependen de nosotras se encuentran aquí o allá). Por supuesto, a nivel colectivo, es una de las experiencias que nos unen como aquellas “otras” personas en este país, una experiencia que produce un dolor y un malestar que acaba acercándonos y en muchas ocasiones, nos ayuda a crear una comunidad. 

ME: ¿Acerca de qué escribes?

CS: Escribo mucho sobre mis experiencias, mis dudas y los procesos que estoy atravesando, o las heridas que estoy sanando. Mi escritura es muy íntima, pero no es nada tímida. Con el paso del tiempo, he ido suavizando bastante porque al principio me acompañaba mi enfado que emanaba de mis heridas. Noto que tras unos años escribiendo con constancia y disciplina, he ido curando y cuidando esas heridas no atendidas por mucho tiempo, y me lo agradecen haciendo brotar cada vez más calma y menos ira. Y eso se palpa en el material que saco. Muchos están en Instagram de forma experimental y, si alguien mira un post desde principios del año pasado y lo compara con el último que publiqué, verá la diferencia.

ME: ¿En qué te inspiras?

CS: En el amor y en el juego de luces y sombras. En la naturaleza y sus tiempos, sobre todo en la luna. También me sacan muchas palabras cualquier forma de agua: mar, río, hielo, lluvia, lágrimas…

ME: Como mujer racializada, ¿cuál es el reto más grande con el que hasta ahora te has enfrentado?

CS: La invisibilidad que implica pertenecer a una raza “aceptable” y “aceptada” como “integrada” en el mundo occidental. Me cansa muchísimo tener que explicar que si soy alegre es porque forma una parte tan importante de mi funcionamiento que biológicamente, me hace daño no serlo (hasta el punto de haberme enfermado más de una vez), y si estoy a la defensiva es porque normalmente no se me otorga la misma credibilidad que otorgan a otra persona que alega lo mismo que yo, solo que tiene otro color de piel y/o que pertenece a otra clase (más alta). Pareciera que el buen manejo del idioma sea equivalente a una integración plena, con procesos sin apenas baches, rodeados de arcoíris, regados por bocatas de jamón que caen del cielo.

ME: ¿Vivimos momentos difíciles, la pandemia ha generado algún cambio importante en ti?

CS: Sí, me ha ayudado a encontrar mi voz, lo cual, a su vez, me ha permitido tener un poquito más de visibilidad para poder transmitir mi mensaje. Eso ayuda a trabajar las causas en las que creo.

ME: ¿Cómo ves el tema de la mujer racializada en España?

CS: Lo que estoy observando desde mi limitada percepción, por supuesto. Para empezar, veo que el tema de la mujer racializada está jerarquizado: por clases, por orígenes, por la pigmentación de la piel… Luego, el tema también es difícil porque la cultura hegemónica sigue “invitando” a que nos integremos al sistema establecido, pero muchas veces, eso significa negar lo que somos. Eso, por ejemplo, es uno de los factores que hace que la búsqueda de alianza con la mujer blanca sea muy delicada. Pero insisto que hay islas de personas, grupos, comunidades que, dado su nivel de conciencia individual y colectiva —teniendo en cuenta la fase de des- aprendizaje y deconstrucción en la que se encuentran— están comprometidas a luchar contra el racismo y de alguna manera lo reflejan en su activismo, en su arte, en las dudas que nos hacen llegar a las racializadas, entre otras. 

ME: Un mensaje final para las mujeres racializadas que apenas llegan al encuentro con la España real.

CS: Gracias: por vuestra valentía, por vuestra fortaleza y por vuestra resistencia. Ojalá sintáis la suficiente confianza para acercaros a comunidades de escritoras como la que promueve este blog, y por supuesto, a comunidades de apoyo para mujeres migrantes. No dudéis en escribirme si pensáis que puedo ser de ayuda, podéis encontrarme en: Instagram: (@mforkawayan). Un abrazo muy fuerte.