Dita Fernández – Colombia.

Nuestra invitada en este sábado de relatos es: Sandra María Fernández Posada, conocida actoralmente en Colombia como Dita Fernández. Es una mujer mística y multifacética, nacida en Santa Rosa de Osos, Antioquia. Actriz profesional, relaciones públicas/marketing; actualmente ejerce como ejecutiva de publicidad en uno de los medios de comunicación más importantes de la ciudad de Medellín, y como coordinadora de marketing de la escuela de cine Cinefilia. Sandrine, para sus amigos más cercanos, es una mujer alegre, con un acento pegajoso; su vida gira alrededor del hacer, y hacer todo lo que aporte positivismo a la existencia. Ha participado en varias películas, en más de 20 cortometrajes, video clips, web series y comerciales. Pero Dita también es escritora de poesía, cuentos infantiles, relatos y reflexiones sanadoras; esta última, parte de su faceta más mística como Máster en sistemas alternativos y sanación interior: Usui, Kundalini, oro, cristales etéricos y sistema tachyon.

En 2018, su relato “Deseos que gritan”, hizo parte de la antología de relato erótico escrito por mujeres de Iberoamérica, organizado por la editorial  mexicana Biscoverso. Hoy nos comparte su relato: ‘Antes del Amanecer‘. Disfruten!

Antes del Amanecer.

Junio 10 de 1935.

Esa noche fue muy extraña. Recuerdo que no podía conciliar el sueño, la cabeza me daba vueltas y vueltas todo el tiempo, ¡mi mente no paraba!. De repente, un sentimiento muy raro se apoderó de mí, me puse muy nerviosa, algo ansiosa y no me hallaba. Seguro faltó algo, pensé. Me levanté, revisé que cada detalle estuviera en orden, pues el gran día se avecinaba y todo debía estar perfecto. Me dispuse a revisar el acto protocolario, llegaron otra vez esos pensamientos que me habían visitado últimamente, esos que hicieron que mi piel se quemara, que mis venas se revolucionaran y que mis pezones estuvieran  erectos.

Me dejé llevar por los anhelos reprimidos del alma, tomándome todo el tiempo para atreverme, me quité el pijama, caminé directo hacia el espejo que estaba frente a la cama, me observé de arriba a abajo reconociéndome en cada detalle. Mis senos eran pálidos y llenos de lunares, estaba completamente desnuda, me quedé inmóvil, ante mí, el miedo surgía, me paralicé. Los pensamientos comenzaron a atacarme, sentí que estaba cometiendo el acto más impuro que jamás pensé de todos, pero las ganas fueron más grandes que los prejuicios. Reprendí a mi mente, y en ese momento decidí ser, decidí sentir lo que es natural, decidí viajar por mi cuerpo, tocarlo, oler mi cabello, jugar con el. Mis manos comenzaron a danzar sobre mi piel, deslizándose por todos mis rincones, mi boca comenzó a gemir y los sonidos armónicos se sincronizaron con los movimientos de mis dedos cuando los introduje en mi vagina, haciendo una coreografía casi perfecta entre mi deseo y el roce físico. Me contraje, exploré mis niveles de profundidad, un dedo, dos dedos… me mojé, y navegando por el río de mis fluidos, de pronto todo mi ser se encendió como un volcán que estaba a punto de arder. Este cuerpo autista comenzó a hablar, a gemir, a vibrar. Los espasmos en mi vientre se expandieron, traduciéndose en corrientes eléctricas, atravesándome toda, llenándome de placer y de un gozo indescriptible, lanzando quejidos enmudecidos. No recuerdo en qué momento me quedé dormida, mis emociones quedaron prendadas de acciones que nunca pensé cometer.

Al día siguiente desperté con una enorme sonrisa, esa sensación de libertad recorría mi alma con la certeza de haber hecho lo correcto, no me pesaba la mente, tampoco las pasiones, todo lo contrario; sentí una gran levedad. Me puse el hábito como de costumbre, un poco distraída en honor a las verdad, pero justo en ese instante estaba a solo dos horas de consagrarme y recibir mis votos monásticos, algo importante estaba a punto de pasar…

Salí de la habitación con la certeza bien ajustada, y las agallas necesarias para mirar a los ojos a mi superiora. Después de una corta pero sana conversación, regresé por el mismo camino que había llegado, cargada del poco equipaje que me acompañó desde el principio…